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25 de Mayo cumple 93 años│Una charla con Claudio Lindeman que terminó siendo un viaje por la memoria del pueblo

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25 de Mayo cumple 93 años│Una charla con Claudio Lindeman que terminó siendo un viaje por la memoria del pueblo

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Hay entrevistas que comienzan con una pregunta y terminan abriendo una puerta hacia otra época. Eso ocurrió este viernes en “Al Mediodía con Fredy”, por FM Sol, cuando invitamos al exintendente Claudio Lindemann a conversar sobre los 93 años de 25 de Mayo, que se celebrarán el próximo 23 de agosto.
La idea era hablar del aniversario. Pero rápidamente la conversación tomó otro rumbo: el de la memoria.
Claudio comenzó a reconstruir la historia de su propia familia, una historia que también es, en buena medida, la historia de tantos pioneros que llegaron a esta tierra con poco más que sus manos, algunas herramientas y la decisión de empezar de nuevo.
Su bisabuelo había escapado de la Segunda Guerra Mundial y se había instalado en Brasil. Pero la persecución que sufrieron las colonias alemanas durante el gobierno de Getúlio Vargas obligó nuevamente a la familia a buscar otro destino. El abuelo de Claudio cruzó el río Uruguay hacia Alba Posse, pasó un tiempo oculto y finalmente logró reunir a su familia para establecerse en Paraje Libertad.

Allí comenzó todo.
Donde hoy hay chacras, caminos y viviendas, alguna vez hubo solamente monte. La primera casa de la familia Lindemann fue levantada prácticamente desde cero. Se abrían picadas, se cazaba para comer, se fabricaban los alimentos en la propia casa y cada herramienta tenía un valor enorme.
Eran familias numerosas. El abuelo de Claudio tuvo once hijos y las celebraciones eran verdaderos acontecimientos comunitarios. En aquellos tiempos, la vida parecía tener otro ritmo y también otra forma de entender la palabra comunidad.

En las décadas del 60 y del 70 apareció otra postal de aquel 25 de Mayo: el ramo general.
El comercio de Bendolín Lindemann tenía prácticamente de todo. Incluso medicamentos. Y el dinero no siempre era necesario.
Huevos, queso o grasa podían convertirse en azúcar, sal o harina.
El trueque era parte de la economía cotidiana y, quizás, también una expresión de una sociedad donde la confianza tenía un valor que hoy resulta difícil de explicar.
La palabra y el apretón de manos eran el contrato.

El comercio también acopiaba tabaco y té, mientras la madera comenzaba a ganar importancia. El “tung” —como recordó Claudio durante la entrevista— ocupaba un lugar central en la economía de muchas familias productoras.
Para cobrar los retornos de lo producido había que viajar hasta Oberá. Los caminos eran difíciles y muchas veces varios productores se organizaban para hacer juntos el viaje, utilizando una Estanciera de doble tracción.
No había celulares para avisar que se llegaba tarde. No había GPS. No había rutas asfaltadas.
Había caminos de tierra, una camioneta, productores y mucha paciencia.

Cuando gobernar era apagar incendios… y también conseguir una usina
La historia familiar de Claudio se cruzó directamente con la historia política de 25 de Mayo cuando su padre, Bendolín Lindemann, fue intendente entre 1972 y 1976.
La situación municipal era complicada. La energía eléctrica dependía de un sistema precario, la recaudación era baja, la coparticipación no alcanzaba y hasta los salarios municipales podían acumular atrasos.
Fue entonces cuando se gestionó la llegada de una usina de EMSA, trasladada desde Jardín América e instalada junto al Hospital.
Aquella usina significó mucho más que una obra de infraestructura: significó dejar atrás, al menos parcialmente, una época de apagones permanentes y darle al pueblo una mayor seguridad en materia energética.

También se recuperó maquinaria vial para atender los caminos vecinales. Y Claudio recordó algo que quizás define mejor que cualquier discurso a aquella generación de trabajadores municipales: había empleados que trabajaban feriados y hasta de noche, cuando había buena luna.
La política, además, podía ser distinta.
Peronistas y radicales podían discutir, pero también ponerse de acuerdo cuando había una necesidad concreta para el pueblo.
En Buenos Aires se consiguió incluso un subsidio para comprar una camioneta Dodge, en una época en la que 25 de Mayo todavía tenía enormes dificultades de movilidad y ni siquiera contaba con una ambulancia como hoy podríamos imaginarla.

Pero la historia de Bendolín Lindemann tuvo un final inesperado
Después del golpe de 1976, mantuvo una relación institucional sin conflictos con el interventor. Y apenas una semana después de que le ofrecieran ocupar el cargo de interventor municipal, murió electrocutado mientras instalaba una antena de televisión para una vecina.
Una escena casi imposible de imaginar desde el presente: un hombre que había sido intendente, que había trabajado por el pueblo, que estaba a punto de asumir nuevamente una responsabilidad pública y que terminó perdiendo la vida haciendo un trabajo para ayudar a otra persona.

De la política a la gestión
Décadas después, Claudio siguió el camino familiar.
Fue concejal, presidió el Concejo Deliberante y luego llegó a la intendencia con apenas 32 años.
Pero en la entrevista no habló solamente de obras. Habló de personas.
Recordó a empleados municipales, concejales, médicos, enfermeros, productores y vecinos que fueron parte de diferentes momentos de la historia de 25 de Mayo.
Y quizás allí estuvo uno de los aspectos más interesantes de la charla: entender que detrás de cada obra que aparece en una fotografía hay nombres y apellidos que muchas veces quedan olvidados.

Durante su gestión se trabajó en caminos, maquinaria vial, salud, seguridad, agua potable y empedrados.
La vieja sala de primeros auxilios evolucionó hasta convertirse en un hospital con 16 camas, donde podían realizarse apendicectomías, partos y cesáreas.
También recordó la construcción de destacamentos policiales, la apertura de caminos hacia Saltito, el puente sobre el Arroyo Pindaytí y las gestiones para mejorar el acceso a 25 de Mayo. Como director de Vialidad Provincial también tuvo participación en obras que buscaban integrar a la localidad con el resto de la región.

Cuando defender al productor significaba viajar a Buenos Aires
Hay otra parte de la conversación que refleja una característica muy particular de la política misionera de otras épocas: la capacidad de los dirigentes de distintos partidos para sentarse en la misma mesa cuando había un interés común.
Claudio recordó las negociaciones por el precio del tabaco.
Intendentes y legisladores del justicialismo y del radicalismo formaron una comisión para viajar a Buenos Aires y defender a los productores.
Las discusiones fueron fuertes. En una de ellas, ante una situación que consideraron inadmisible, la delegación decidió retirarse y convocar a los medios.
El resultado fue el regreso a la mesa de negociación y finalmente un acuerdo.
Puede parecer una escena de otro tiempo, pero quizás también sea una pregunta para el presente:
¿Cuánto podría conseguir una comunidad cuando sus dirigentes dejan de lado por un momento las diferencias partidarias y se sientan a defender juntos una causa común?

Los sueños que quedaron en el camino
La entrevista también permitió recuperar proyectos que alguna vez estuvieron cerca de convertirse en realidad.
Uno de ellos fue la posibilidad de contar con una facultad de Agronomía en el departamento 25 de Mayo.
El proyecto estaba avanzado, pero un cambio de gobierno nacional terminó frenándolo.
Hoy, cuando se habla de la necesidad de generar oportunidades para los jóvenes y evitar que tengan que abandonar la zona para estudiar y trabajar, aquella historia adquiere una particular actualidad.
Claudio entiende que 25 de Mayo necesita educación técnica, formación superior y nuevas oportunidades laborales.
Porque la matriz productiva sigue siendo esencialmente minifundista: yerba, té, pequeñas forestaciones, ganadería y tabaco.
Y detrás de esos números hay familias, jóvenes, chacras.

“Un pueblo de buena gente”
Quizás la frase que mejor resumió la entrevista fue una que Claudio repitió de distintas maneras: 25 de Mayo es un pueblo de buena gente.
Un pueblo que puede dividirse durante una elección y volver a encontrarse después.
Un pueblo donde distintas iglesias pueden compartir una celebración en la plaza.
Un pueblo donde todavía existe el trabajo voluntario, hecho “a honoris”, como se decía antes.
Un pueblo que, pese a sus dificultades, conserva algo que no aparece en ningún presupuesto municipal: identidad.
Claudio incluso se animó a imaginar una futura lista vecinal única, capaz de reunir a hombres y mujeres de diferentes partidos detrás de un mismo objetivo: administrar mejor el municipio.

Tal vez esa idea sea discutible políticamente.pero resulta interesante porque nace de una conclusión que atraviesa toda la entrevista: cuando se habla de un pueblo, primero debería estar el pueblo y después las banderas partidarias.

93 años y una historia que todavía se está escribiendo
El próximo 23 de agosto, 25 de Mayo cumplirá 93 años.
Y escuchar a Claudio Lindemann fue, de alguna manera, abrir un viejo álbum de fotografías que todavía no terminó de cerrarse.
Allí aparecen los colonos atravesando el monte, las primeras casas, el trueque, el tabaco, el té, la madera, las viejas camionetas, los caminos de tierra, la usina, los intendentes, los empleados municipales, los médicos rurales, las escuelas, las cooperativas y tantas personas que fueron construyendo el pueblo casi sin darse cuenta de que estaban haciendo historia.

Porque la historia de 25 de Mayo no está solamente en las fechas.
Está en las manos de quienes abrieron una picada.
En el productor que cargaba su cosecha.
En el empleado municipal que salía de noche a arreglar un camino.
En la mujer que esperaba el regreso de quien viajaba a Oberá.
En el vecino que prestaba una herramienta.
En quien daba una hectárea para que pudiera construirse una escuela.
Y también en quienes, como Claudio Lindemann, todavía conservan en la memoria nombres, voces y episodios que de otro modo podrían desaparecer.
A 93 años de su nacimiento como municipio, quizás el mejor homenaje que podemos hacerle a 25 de Mayo sea justamente ese:
recordar de dónde venimos para entender hacia dónde queremos ir.

Y en esa memoria, como quedó demostrado este mediodía en FM Sol, todavía hay muchas historias esperando ser contadas.

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Fuente: https://diariosol.com.ar/25-de-mayo-cumple-93-anos%E2%94%82una-charla-con-claudio-lindeman-que-termino-siendo-un-viaje-por-la-memoria-del-pueblo/