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Crónica desde Nueva York: Alquileres de locura
Tras el perímetro junto a la puerta de entrada marcado por postes dorados y gruesas cuerdas de terciopelo rojo, dos imponentes porteros gigantones de traje, con gafas de so...
Tras el perímetro junto a la puerta de entrada marcado por postes dorados y gruesas cuerdas de terciopelo rojo, dos imponentes porteros gigantones de traje, con gafas de sol y pinganillo, y una estilosa mujer con una lista en sus manos. Más allá de ese cordón, una larga cola, sin final visible. Y en vez del nombre de un bar de moda o un club de élite donde la entrada solo la garantizan la posición social, el dinero o los contactos, un cartel con un mensaje: Open house’.