
La noche más corta del año se hizo muy larga en Moscú. Por primera vez vimos temblar a Vladimir Putin y no fue por el fuego del Ejército de Ucrania con las armas que Occidente sufraga. La guerra sigue una dinámica de avance y retroceso cocinada a un fuego suficientemente lento como para que el guardián del Kremlin pueda ir modulando. Todo bajo control. Así es como ha gobernado hasta ahora Putin su país y gestionado sus guerras. Todo eso terminó en la noche de San Juan.