
El mar de Homero
Noche cerrada en Sicilia. Cerca de la costa, escondido entre las rocas, un grupo de personas espera a que un barco se aproxime para subirse a él y zarpar deprisa, antes de ...
Noche cerrada en Sicilia. Cerca de la costa, escondido entre las rocas, un grupo de personas espera a que un barco se aproxime para subirse a él y zarpar deprisa, antes de que amanezca y alguien descubra su presencia. Por su aspecto, son campesinos, hombres, mujeres y niños que llevan en sus maletas todas sus pertenencias y, cosido al interior de sus ropas, el dinero obtenido por la venta de sus pocas propiedades, incluidas sus casas aquellos que las tenían, y con el que tendrán que sobrevivir los primeros tiempos en el lejano país al que se dirigen. El barco llega por fin y, ya en él, los campesinos sicilianos se internan en el mar mirando con temor el oleaje y con melancolía la isla que dejan detrás, puede que para siempre. Durante varios días con sus noches, sin ver más que agua su alrededor y, por las noches, las estrellas que les recuerdan a las de sus pueblos, los campesinos cruzarán el océano imaginando cómo será el país al que se dirigen y en el que les espera una nueva vida, se supone que mejor que la que han llevado hasta ese momento. Algunos de ellos llevan en sus carteras la dirección de algún familiar que cruzó el océano antes que ellos y que les ayudará, confían, a situarse en su nuevo país. Otros, por el contrario, van a la aventura total, sin nadie a quien recurrir; son los que muestran más miedo. Pero sobre unos y otros puede más el deseo de prosperar que el temor, las ganas de huir del hambre que la inseguridad de un futuro nuevo.