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Exodo de tareferos │Las mujeres ponen el hombro a la cosecha

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Exodo de tareferos │Las mujeres ponen el hombro a la cosecha

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La mayoría de los hombres que cruzaron a Brasil para hacer changas sólo vuelven para visitar familiares. La historia de Patricia de Souza y la dura realidad del sector

Andresito, un municipio tradicionalmente agrícola en el extremo norte de Misiones, vive una transformación silenciosa y dolorosa. El paisaje de los yerbales, históricamente dominado por hombres, hoy está en manos de mujeres.

Ante la falta de oportunidades locales y la crisis económica, los jefes de hogar cruzaron la frontera a Brasil con la promesa de sueldos más dignos en reales. 

En medio de tal éxodo, de mano de obra masculina, los yerbales no esperan. Y las mujeres de Andresito le pusieron el hombro a la cosecha. La secretaria general del Sindicato Único de Trabajadores Rurales, Ana Cubilla afirmó que en Andresito “hay cuadrillas enteras de mujeres” que están trabajando en los yerbales. “Las mujeres que se han quedado se han puesto al frente de la cosecha por falta de trabajadores”, resumió.

Una historia

Patricia de Souza Duarte es el reflejo de una realidad que golpea a destajo. Tiene 28 años, tres hijos y el séptimo grado terminado. Su historia con la hoja verde empezó temprano, casi de golpe, a los 14 años, cuando “se acompañó” y tuvo que salir a ganarse el pan.

Desde entonces, sabe hacer de todo, desde la limpieza de las plantas hasta levantar la cosecha o como hizo también, fue a trabajar a Brasil donde quisiera volver pero por cuestiones legales de no contar con todos los papeles de uno de sus hijos tuvo que volver a la Argentina y ahora, es una de la tareferas que le pone el hombro a la actividad. “En el trabajo que estoy, y en varios de Andresito, están todas en el yerbal. Casi la mayoría somos mujeres las que estamos trabajando acá. Somos muchas y somos luchadoras”, relató Patricia.

De Souza Duarte de Andresito.

Hoy trabaja para un pequeño productor. El circuito es reactivo, porque cosechan, cargan y mandan al secadero. Cuando las plantas de esa chacra queden desnudas, Patricia tendrá que armar su bolso e irse a cambiar por otro productor. Así es la vida de la tarefa, tan itinerante, ruda y pesada.

Los números del esfuerzo

La ecuación matemática de la supervivencia en el yerbal es cruel. Para llevar comida a la mesa de sus tres hijos, Patricia necesita quebrar, juntar y cargar mil kilos de yerba, es decir una tonelada. Con eso, embolsa apenas 60.000 pesos. Para llegar a esa tonelada, según cuenta, necesita juntar unas trece “ponchadas” que representa la gran bolsa donde se acumula la hoja cosechada. Cuenta que si el yerbal está bueno y trabaja sin descanso, lo logra en un día y medio. En sus mejores épocas, recortando tiempos con otra persona que cortaba mientras ella quebraba, lograba meter los mil kilos en una sola jornada de sol a sol. Patricia de Souza Duarte, viaja en moto junto a otras compañeras rumbo a la colonia, a unos ocho kilómetros del centro urbano para ir a trabajar.

Un día en la tarefa

Patricia cuenta que las jornadas son largas. A veces el despertador le suena a las 4 de la mañana para salir a las 5; otras veces, la rutina arranca a las 7 de la mañana pero siempre suele terminar pasadas las 18 horas, cuando el cuerpo ya no responde y las manos curtidas, duelen al cerrarse.

 Según cuenta cuando no hay tarefa, limpia capueras o hace desmalezamiento por día, donde le pagan entre 25.000 y 30.000 pesos la jornada. “Acá no hay otro trabajo”, sentencia con crudeza y recuerda que también ella formó parte del éxodo temporal.

Sueña con regresar a Brasil

Patricia relata que vivió un tiempo en Brasil, donde trabajó en un supermercado reponiendo góndolas y haciendo limpieza. Afirma que “allá la realidad era otra. En Brasil hay mucha diferencia, si pudiera me habría quedado. Vivía mejor allá. Podía pagar un alquiler, tener agua corriente. Hoy por hoy, acá en Argentina no puedo, no me alcanza”, confiesa con una mezcla de nostalgia y frustración.

Actualmente intenta tramitar los papeles de uno de sus hijos, para volver legalmente a Brasil, un proceso burocrático que cuesta dinero y tiempo, dos lujos que no se puede dar.

Mientras tanto, ve cómo en las cuadrillas de Andresito se suman chicas cada vez más jóvenes, de entre 30 y 33 años, que se meten al monte a pelearle a la vida.

Lo que Patricia logró ahorrar y progresar en seis meses del otro lado de la frontera, acá se diluye en la diaria.

En Comandante Andresito, las mujeres no sólo están criando solas a sus hijos mientras sus parejas juntan reales en Brasil; están sosteniendo la economía de una de las regiones más productivas de la provincia.

Con las manos verdes, la espalda adolorida y la frente marchita por el sol, las tareferas demuestran que, cuando el hombre falta, la mujer se hace cargo de la tierra.

Un registro oficial desde Brasil

En total 40 mil trabajadores, en su mayoría rurales y de la provincia de Misiones, según se conoció en marzo 2026, se inscribieron el año pasado en el CPF (Cadastro de Pessoa Física), que es uno de los principales documentos para ciudadanos residentes en Brasil.

Tal documento, permite el acceso a facilidades y servicios, como el Sistema Público de Salud (SUS), el registro en instituciones públicas de educación, la apertura de cuentas bancarias y otras operaciones financieras. Son requisitos indispensable para registrarse como trabajadores extranjeros, tal como informó El Territorio en marzo de este año. Ese número corresponde a todos los misioneros que cruzaron a trabajar a Brasil.

Fuente: https://diariosol.com.ar/exodo-de-tareferos-%E2%94%82las-mujeres-ponen-el-hombro-a-la-cosecha/