
Un sueño con alas│Marcelo y Laura recorren la Argentina en un avión que reconstruyeron con sus propias manos Posadas, Misiones
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Hay historias que nacen para ser contadas. Historias que parecen salidas de otra época, cuando la aventura todavía tenía sabor a desafío, cuando viajar significaba descubrir y cuando el camino importaba tanto como el destino. Una de esas historias aterrizó esta semana en Misiones y tiene como protagonistas a Marcelo y Laura, un matrimonio cordobés que decidió cumplir un sueño extraordinario: recorrer la Argentina de punta a punta a bordo de un avión anfibio experimental reconstruido por ellos mismos.
La entrevista realizada por Fredy Frank permitió conocer mucho más que un simple viaje. Detrás de cada kilómetro recorrido hay años de trabajo, esfuerzo, planificación y una profunda pasión por la aviación.
Marcelo, de 66 años, y Laura, de 67, llegaron a Posadas después de atravesar algunas de las geografías más complejas y fascinantes del país. Desde el aire, Misiones los recibió con una postal que difícilmente olvidarán.
“Ya conocíamos la provincia por tierra, pero verla desde arriba es algo impresionante. Es lindísima”, expresó Marcelo, todavía sorprendido por los paisajes verdes que caracterizan a la tierra colorada.
Pero no sólo destacó la belleza natural. También remarcó la hospitalidad de los misioneros, una característica que, según contó, se repite en gran parte del país y que se convirtió en uno de los grandes descubrimientos de esta travesía.
De Villa General Belgrano al cielo argentino
Marcelo y Laura viven en Villa General Belgrano, Córdoba, una localidad reconocida por su fuerte impronta centroeuropea y por ser sede de la Fiesta Nacional de la Cerveza.
Marcelo la describe como un pueblo especial.
“Es un lugar que cuida mucho su estética, donde la gente respeta las normas y donde conviven personas llegadas desde distintos puntos del país y del mundo.”
La comparación con algunas localidades de Misiones surgió naturalmente durante la charla. Ambos destinos comparten una fuerte influencia de la inmigración alemana y una identidad cultural que los distingue.
Sobre la tradicional Fiesta de la Cerveza, Marcelo reconoce que se ha convertido en un fenómeno multitudinario que transforma completamente la vida cotidiana del pueblo.
“Durante esos días Villa General Belgrano hierve de gente”, comentó entre risas.
El avión que nació en plena pandemia
Sin embargo, la verdadera protagonista de esta historia no es una ciudad ni un paisaje. Es una aeronave.
Un singular avión anfibio modelo Defiant, experimental, capaz de operar tanto en tierra como en agua, que llama la atención allí donde aterriza.
Lo más sorprendente es que Marcelo y Laura no compraron el avión listo para despegar.
Lo reconstruyeron: La idea comenzó durante los meses de aislamiento de la pandemia. Mientras gran parte del mundo permanecía detenida, ellos empezaron a imaginar un proyecto que parecía imposible.
Tres años de trabajo, unas 2.500 horas de dedicación y una enorme cantidad de modificaciones técnicas fueron necesarias para convertir aquella aeronave en la compañera ideal para recorrer el país.
Había que aumentar autonomía, mejorar prestaciones, optimizar velocidad y garantizar confiabilidad para enfrentar algunos de los escenarios más exigentes de la geografía argentina.
El resultado fue una verdadera obra de ingeniería artesanal.
“Es una especie de ave rara”, cuenta Marcelo. “La gente se acerca a verla porque no es un avión común.”
La Patagonia: el examen más difícil
El viaje fue planificado en etapas.
La primera experiencia sirvió como prueba piloto sobre el Valle de la Luna.
Luego llegó el gran desafío: La Patagonia.
Una región inmensa donde las distancias son enormes, los aeródromos escasos y el clima puede cambiar en cuestión de minutos.
Partieron desde Córdoba, descendieron siguiendo la cordillera de los Andes hasta Ushuaia y luego regresaron por la costa atlántica.
En ese trayecto enfrentaron algunos de los escenarios más desafiantes que puede encontrar un piloto.
Volar sobre la cordillera.
Cruzar el Estrecho de Magallanes.
Atravesar extensiones deshabitadas durante cientos de kilómetros.
Y, sobre todo, convivir con los temidos vientos patagónicos.
Marcelo resume su filosofía de vuelo con una frase que cualquier aviador entiende perfectamente:
“Es mejor estar en tierra deseando estar en el aire que estar en el aire deseando estar en tierra.”
La prudencia es una regla innegociable.
En una oportunidad permanecieron diez días detenidos en Perito Moreno esperando que las condiciones mejoraran.
Diez días sin despegar, simplemente porque el viento no ofrecía garantías suficientes.
Aunque han llegado a operar con ráfagas cercanas a los 40 nudos, saben que en aviación la experiencia nunca debe convertirse en exceso de confianza.
Un equipo de dos personas
Lo llamativo es que detrás de esta aventura no existe una gran organización ni un equipo de apoyo, son ellos dos.
Marcelo y Laura.ambos pilotos, ambos protagonistas y ambos responsables de que el proyecto funcione.
Mientras Marcelo se ocupa de la mecánica, las inspecciones técnicas y la planificación de vuelo, Laura administra la logística, los contactos, las estadísticas y gran parte de la organización diaria.
Treinta y un años compartiendo la pasión por la aviación les permitieron desarrollar una coordinación casi perfecta.
Cada uno conoce su rol.
Cada uno sabe qué hacer.
Y ambos comparten el mismo objetivo.
Seguir descubriendo Argentina desde el cielo.
Una aventura financiada con austeridad
En tiempos donde muchas experiencias se diseñan para las redes sociales, Marcelo y Laura eligieron otro camino.
No viajan para monetizar contenido.
No tienen patrocinadores millonarios.
No persiguen fama.
Su modelo es mucho más sencillo.
Y mucho más auténtico, viajan de manera austera.
Llevan equipo para cocinar.
Transportan elementos de campamento.
Muchas veces duermen en aeroclubes.
O directamente en bolsas de dormir.
La filosofía es clara: gastar lo menos posible para prolongar la aventura el mayor tiempo posible.
Las redes sociales cumplen otra función.
Compartir.
Inspirar.
Mostrar una Argentina que muchas veces pasa desapercibida.
Laura publica el día a día en Instagram y Facebook, mientras Marcelo produce contenidos más extensos para YouTube.
Su intención no es vender un producto.
Es transmitir una pasión.
Mostrar ese espíritu romántico que acompañó a los pioneros de la aviación.
El reconocimiento de una comunidad
A medida que avanzan, descubren algo que no esperaban encontrar con tanta intensidad.
El afecto de la gente.
Aeroclubes de todo el país los reciben como si fueran viejos amigos.
Pilotos, mecánicos, aficionados y vecinos siguen cada etapa del recorrido.
Incluso recibieron una mención especial en General Rodríguez por su trabajo de divulgación aeronáutica.
Un reconocimiento que valoran enormemente porque proviene de personas que entienden el esfuerzo que implica concretar un proyecto de estas características.
Un viaje que cambió la mirada sobre el país
Quizás la reflexión más profunda de la entrevista llegó cuando Marcelo habló sobre Argentina.
Después de miles de kilómetros volados, de atravesar montañas, costas, estepas, ríos y selvas, asegura que el viaje les permitió redescubrir el país.
“Nos enamoramos todavía más de Argentina”, resumió.
Porque desde el aire no sólo se observan paisajes, también se entiende la inmensidad.
La diversidad.
La riqueza natural.
Y el enorme potencial de un territorio que muchas veces los propios argentinos no terminamos de conocer.
Mientras avanzan ahora por el norte argentino, Marcelo y Laura continúan escribiendo una historia que combina aventura, esfuerzo, pasión y perseverancia.
Una historia que demuestra que nunca es tarde para cumplir un sueño.
Y que algunos sueños, cuando se construyen durante años y se persiguen con convicción, terminan despegando.