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Una Tarde con la Suzuki

Con Fredy Frank

Una Tarde con la Suzuki

Con Fredy Frank

Lunes 26 de enero de 2026
Hoy lunes salí sin apuro, despues de varios dias ,me subí a la Suzuki 100 y tomé la Ruta Provincial 8. La tarde estaba calurosa, de ese calor misionero que se pega a la piel y te obliga a bajar un cambio, a mirar más despacio, a salir recien a la tardecita. El motor sonaba parejo y el viento, aunque tibio, traía recuerdos de mi adolecencia , en esta misma ruta pero en aquel momento de tierra y tosca
Avancé rumbo a Campo Grande hasta llegar al viejo puente del arroyo Torto. Ese lugar que no necesita carteles para decir quién es. Frené la moto, apoyé el casco y me quedé un rato parado sobre el puente, apoyado de las viejas barandas mirando desde arriba
El primer puente que cruzó este arroyo fue construido en 1945. Mucho antes de que existiera el asfalto, mucho antes de que la ruta fuera ruta como la conocemos hoy. Era una obra pensada para unir, para permitir el paso, para que el progreso encontrara su camino. Con los años, ese puente fue envejeciendo, como envejecen las cosas que se usan mucho y se quieren sin darse cuenta.
Desde arriba, miré el agua correr y a las familias pasar la tarde, igual que antes. Chicos, jugando en el agua , chapoteando, adultos en la hermosa sombra del lugar , mates que van y vienen, risas que se escuchan desde ahí arriba y se mezclan con el ruido suave del arroyo. El tiempo, ahí abajo, parece no apurarse nunca.
En los años 80, esta ruta era de tierra. No había asfalto, ni teléfonos, ni celulares, ni internet. Pero había tardes eternas. Recuerdo que íbamos con todos los amigos, Coco, Nene, Marcelo, Fabi, Estela , Don Arno Hoffmabek y su Esposa Don German Kotirva que pasaba dias acampado en el Torto y tantos otros  que ahora no recuerdo y no exagero cuando digo que casi todo el pueblo pasaba el día en el arroyo Torto. Se llegaba como se podía, sin reloj, sin mensajes, sin fotos para subir a ningún lado. Solo estar.
El arroyo era el plan. El punto de encuentro. El lugar donde el verano tenía sentido. Pasabamos el dia  hasta que el sol bajaba y nadie preguntaba la hora, porque no hacía falta. El agua calida de ese arroyo y  la sombra del lugar.
Hoy todo cambió, pero no tanto. El puente nuevo es más firme, la ruta es asfaltada, el mundo está lleno de pantallas. Sin embargo, el arroyo sigue siendo el mismo. Sigue convocando. Sigue abrazando a quienes buscan un rato de alivio y de encuentro.
Mientras me quedaba ahí, apoyado sobre las barandas del puente, entendí que no estaba mirando solo un paisaje. Estaba mirando una parte de mi vida, de nuestra vida. Un lugar que une Campo Grande con 25 de Mayo, pero también une generaciones, recuerdos y maneras de vivir.
Arranqué la moto de nuevo, despacio. Dejé atrás el puente, pero no lo que sentí. Porque hay lugares que no se dejan atrás nunca. El arroyo Torto es uno de ellos.