
William, calienta que sales
En su última parada por las cuatro naciones británicas que componen el Reino Unido, Carlos III decidió llevarse su propia estilográfica a Gales para ahorrarnos otra esce...
En su última parada por las cuatro naciones británicas que componen el Reino Unido, Carlos III decidió llevarse su propia estilográfica a Gales para ahorrarnos otra escenita pública de sus manías con los elementos de escritorio y darnos a entender que la cosa pintaba ya mejor El mismo día que fue proclamado rey, ante una mesita que se veía ridículamente estrecha para el tamaño de las hojas que debía firmar, el monarca ya alertó al servicio de que retiraran los tinteros y la caja de bolígrafos que no iba a utilizar (prefirió una Montblanc, regalo de sus dos hijos) para obtener espacio. Pero, incomprensiblemente, sus asistentes le hicieron caso a medias y solo retiraron uno de los accesorios. Cuando el monarca se sentó y probó a firmar, aquellos objetos inútiles se lo impedían. Y se enfadó (indicó molesto con la mano que quitaran aquello inmediatamente), pero al mismo tiempo luchó por contenerse (apretó los dientes para reprimirse). Días después, tuvo otro mal momento cuando la pluma con la que sellaba un documento en Irlanda del Norte le dejó una mancha de tinta en la mano. Oh, Dios, odio esto", gritó.